Un acercamiento a la Cidade Baixa

Tenía un amigo, que apenas llegaba a esta ciudad se mareaba. Decía que aquí había una energía fuerte que entorpecía a la gente. No hablaba de una torpeza inherente a la incapacidad de moverse con cuidados, sino de una torpeza mágica, una energía que acompañaba a la voluntad, un despropósito simpático.

Si tuviese que adherirme a sus palabras, podría sugerir que después de tantos años de sentarme en el mismo banco, dentro de esa misma ciudad, ya debería ser un torpe crónico, aunque posiblemente lo sea, pero nunca por ese motivo.

Esta ciudad tiene su magia, tiene sus ritos y sus costumbres que van más allá de sus tierras, costumbres que existen inclusive antes de que fuese descubierta, que vienen de lugares que no son estos, de una cultura que no es occidental y cristiana, pero que evolucionó en todo aquello en lo que la cultura occidental y cristiana jamás hubo se adentrado.

Una curiosidad de este submundo es que aquí no se necesitan ricos. Los ricos sobran, molestan, no tienen cabida; todos somos pobres. Pobres de lujo, porque es así que estamos acostumbrados a medir la riqueza, somos pobres y si fuésemos –por ejemplo- amas de casa, podríamos ver todas las tardes las novelas de la Globo, si fuésemos peones, podríamos estar en el bar antes de que el sol se escondiera para tomar la última cachaça del día, aunque, pensándolo mejor, es difícil participar de ese momento pues la medianoche nos pillaría con el enésimo vaso, siempre, sin terminar.

Este lugar tiene como nombre Ciudad, pero no cualquier Ciudad, sino que es mal llamada Cidade Baixa. En realidad no es una ciudad baja, sino que gran parte de Salvador da Bahia es mucho más alta, unos cincuenta metros quizá y correspondería llamarla Cidade Alta, pues la que es Cidade Baixa está al nivel del mar que es el punto de referencia de, por ejemplo, la altura de las montañas o las mesetas, o las ciudades altas como La Paz. O quizá se llame así por la pobreza de sus habitantes, o los retículos de droga que se propagan junto a la orilla de la Bahía y en puntos estratégicos o por las prostitutas noctámbulas del Caminho de Areia que se agazapan ante los que mucho bebieron y les resulta más fácil sacarles unos diez o veinte reales a cambio de un boquete, o una chupada como se dice en otros lugares del mundo, a lo mejor también consiguen llevarlos a la cama y en ese caso es menester no quedarse dormido si se posee algún valor más allá del moral o el de la dignidad y las buenas costumbres, buena costumbre como por ejemplo, acostarse con una puta culona.

En el Caminho de Areia, surge en la madrugada una esquina iluminada, llena de personas sentadas, o tomando una cerveza, o comiendo un pez frito, o quizá saboreando una dosis de Pirassurunga 51, con miel y limón, mientras comentan el partido de Vitória o de Bahia y dan risotadas extremas por alguna gracia del momento, o quizá están con aquella morena redonda y regordeta –según la describió Pedro Marinho- que parece prestarse al juego de la seducción masculina y que le gustaría ser penetrada por todos los agujeros del cuerpo por todos los hombres de la mesa, y usa un top por donde se le descubre una panza prominente que la rodea en forma de cámara de neumático desinflado.

El bar se llama Carinhanha y por la mañana es frecuentado por gente de la tercera edad que va a desayunarse alguna copa y a hablar de la jubilación, de los achaques, de fútbol y de las últimas desavenencias familiares, de yernos o de soledades pues no todos tienen una familia unida y a alguno el hijo ya no lo visita y siempre está ocupado como para poder brindarle alguna atención, eso sí, a veces pasa y le deja algunas provisiones que compró en el Monteiro que últimamente tiene los pollos muy baratos, inclusive algunos sospechan que la fecha de validad es parte del pasado y los mantienen con algún tipo de producto que nunca será muy bueno para la salud, pero claro que sólo son conjeturas que ellos jamás podrán probar.

En este tiempo está en la boca de todos ellos la desaparición de Zezinho. Zezinho era un pescador que aún no había completado la veintena de años y que se vanagloriaba por conseguir el animal marino que fuese, siempre que perteneciera a la fauna local, en menos de una hora. El padre siempre le pedía que trajera pulpo para hacer a la vinagreta y Zezinho se metía en el agua vestido con su arpón y al rato aparecía con el pulpo, aún vivo, pidiendo quizá, de la manera que sólo los pulpos pueden pedir, que lo matasen de una buena vez.

La madre le pedía siempre manta raya para la moqueca, y Zezinho correspondía al pedido y luego de, a lo sumo una hora y media, venía con la manta raya, inclusive ya cortada en pedazos, para que comenzase a cocinarse cuanto antes en el dendé que su madre ya había preparado para la ocasión. En alguna oportunidad, en las visitas que hacía siempre en el terreiro de candomblé, Ogum mandó a decirle por intermedio de un eré que el mar era de Yemanjá y que no era demasiado bueno que tomase las cosas así a sus anchas sin hacerle alguna ofrenda, digamos, de vez en cuando, de mes en mes. Y un día, a través de una secuencia de hechos desafortunados dentro del reino ajeno, Zezinho murió tan joven, que hasta los erés reclamaron su alma. Esto sirvió como motivo para que en la Cidade Baixa se bebieran más de ocho mil litros de cerveza, doscientas botellas de cachaca, cuatrocientas de coñac Dreher y veinte litros de agua mineral, para comentar el caso.

Al mediodía, en el Carinhanha, comienzan a aparecer los rezagados, aquellos que están de paso y no pierden la oportunidad de tomarse una cervecita helada para continuar el viaje, y por qué no, algún petisco para engañar al estómago, pues seguramente aquel rezagado o el otro se atrasó debido a un trámite que no pudo llevarse a cabo en el tiempo previsto. Estos pasajeros del bar, toman la cerveza con cierto apuro, comen con cierto apuro, y con cierto apuro piden la cuenta, y con cierto apuro pagan para luego irse bastante apurados a continuar con las pendencias del día que no son pocas.

En la tarde este escenario se tranquiliza y existe una gama extensiva de personajes que van alternándose de acuerdo con la ocasión, pero cuando la cosa comienza a ponerse buena es después de las seis, ya que los bahianos tienden a tomarse una copa antes de ir para casa, y ahí se encuentran todos con su segunda familia, los compañeros de bar que conocen todos sus problemas, todos aquellos secretos que no pueden contar a su mujer. Dentro de esa anarquía de información, algún desconocido –a veces los hay- termina enterándose de lo cornudo que es João Alves y del culo bueno que tiene su mujer, o de cómo uno de los socios del bar Mancuá mandó a matar al otro por desavenencias financieras y legales, y de cómo lo descubrieron, y de cómo lo mandaron al calabozo, y de cómo la familia del otro socio -que en paz descanse- contrató a un par de matones dentro del presidio para que cortasen el cuello del asesino, y de cómo los victoriosos huérfanos de padre tomaron el bar y pusieron música de samba todos los viernes mientras la clientela se divertía como loca bailando y bebiendo hasta las dos de la mañana.

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2 Comentarios

  1. vadinho
    Publicado Julio 31, 2008 en 12:03 am | Permalink

    caminho de areia… putao. me hiciste suspirar de saudade. uf!

  2. Publicado Diciembre 28, 2008 en 8:22 am | Permalink

    Me gustan los temas cientificos tanbién y todas las formas de ficción relacionados principal mente com terror y relatos sobrenaturales. Soy uno escritor brasileño. Mi sueño es conocer tu patria e libros
    Bruno Resende Ramos
    http://www.brunoadult.blogspot.com

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