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Educador y difusor cultural, perseguido y censurado judicialmente
La bibliocultura seguirá haciendo la competencia, todavía durante un cierto tiempo,a muchas otras formas de publicación que se sustraen a las formas heredadas de la autorización, de la autentificación, del control, de la habilitación, de la selección, de la sanción, incluso de mil otras formas de censura
Jacques Derrida
Uno de ellos es Jacques Derrida en castellano (http://www.jacquesderrida.com.ar) y el otro Heidegger en castellano (http://www.heideggeriana.com.ar). Ambos –junto con Nietzschiana.com.ar, al que no alcanzó la mano de la justicia- eran mantenidos por Horacio Potel, profesor de Ética y Epistemología la Universidad Nacional de Lanus y difusor de este material en internet desde 1999.
Aquí uno se pregunta qué es lo que anda mal acá como para que algún grupo (tendría que agregarle el adjetivo “parásito” como lo hizo una amiga editora no hace mucho tiempo, pero no lo haré) quiera aprovecharse del sudor de otros que ni siquiera están en el mundo de los vivos y eran férreos promotores de la democratización de la palabra.
La obra completa de Heidegger o Derrida se puede conseguir a cuatro o cinco clicks de distancia de nuestra pantalla en formato PDF o word, entonces ¿qué pretenden con esta persecución? Con una red grande y anónima como lo es internet, esos textos son fácilmente reproducibles y a distancias inalcanzables para los Camaristas Argentinos del Libro; cuando una censura (legal, pero censura al fin) de estas se produce, la experiencia de alguien que conoce un poco de internet dirá que al poco tiempo esos textos estarán multiplicados ene veces por todos los rincones del planeta y donde la Cámara Argentina del Libro no podrá llegar nunca.
José Ingenieros escribía en sus Fuerzas morales: La justicia tiene un valor superior al de la ley. Lo justo es siempre moral; las leyes pueden ser injustas. Acatar la ley es un acto de disciplina, pero a veces implica una inmoralidad; respetar la justicia es un deber del hombre digno, aunque para ello tenga que elevarse sobre las imperfecciones de la ley.
Digo, no está mal que alguien elija pagar para leer, lo que está mal es que no podamos optar y que mientras muchos cultores de la literatura, educación o el arte en general trabajan para la gente sin recibir un mango, otros quieran destruir su esfuerzo y cobrar por hacer llamadas por teléfono y disponer de un papel que diga que ellos son dueños de lo que escribió otro, al que posiblemente, nunca hayan leído.
Y con el perdón de la Cámara, esto, por donde se lo mire, no es justo.